24.1.05

Something's gone terribly wrong




Desperté con un extraño zumbido en mis oídos. "Putos acúfenos" pensé. Me sentía algo desorientada, incluso llegué a marearme al incorporarme para ir al baño. Dí al interruptor de la luz para ver qué cara tenía esa mañana. Nada. Oscuridad. Tan sólo entraba una rendija de luz rojiza por la ventana. De todas maneras tenía que lavarme la cara, a ver si despejándome el jodido ruido desaparecía. Un líquido maloliente y viscoso emanó del grifo casi cubierto por el óxido. Después de los improperios y pataletas de rigor fui hasta la cocina en busca de velas.
El suelo estaba asqueroso, crujía bajo mis pies descalzos, sonaba como si pisara cientos de cadáveres de insectos. Tanteando a ciegas, entre cajones cubiertos de polvo encontré un cirio casi consumido. Lo encendí. Miré a mi alrededor; todo cubierto de polvo, cucarachas inertes que me miraban sonrientes desde su caparazón vacío, el aire impregnado de podredumbre... De puntillas, me dirigí casi con los ojos cerrados a mi habitación para ver si aún estaba durmiendo, deseando verme a mí misma plácidamente entre las sábanas.
La cama estaba deshecha y vacía. Me busqué en el espejo que tenía colgado en la cabecera y me encontré con una extraña envejecida cincuenta, qué digo, cien años.

El fin del mundo había llegado y la muerte me había encontrado durmiendo. Demasiado valium la última vez.

1 Comments:

Blogger Unknown said...

Dicen que es mejor que nos pille durmiendo que de cualquier otro modo pero, a mí personalmente, no me gustaría. No soporto la idea de morirme sin darme cuenta. No es que quiera morir de forma dolorosa ni sangrienta, simplemente es que quiero sentir como me muero, porque la muerte es vida (y viceversa) y se convierte así en una sensación más a experimentar dentro de mi existencia.

7:58 a. m.  

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