Vino
Tengo la boca manchada de rojo. Los labios de un color magenta indefinible, saben ácidos. La lengua, suave, roza lascivamente el paladar. Deseando más humedad, más calor. Busca recrearse en lugares cálidos y salados. Se abre paso a través de mis labios, entreabiéndolos, palpando el aire con la punta, como si otease algo de su agrado.
Toma contacto con mis dedos. Los lame. Los saborea. Los moja. Le gusta chuparme el anular más que a ningún otro, se recrea en él como si de un falo se tratase.
Y a modo de tal vive, rozando mis superficies más sensibles, acariciando la humedad latente.
Esta noche nadie pierde, nadie gana. Sólo queda el orgasmo que se irá, que no se repetirá.
Toma contacto con mis dedos. Los lame. Los saborea. Los moja. Le gusta chuparme el anular más que a ningún otro, se recrea en él como si de un falo se tratase.
Y a modo de tal vive, rozando mis superficies más sensibles, acariciando la humedad latente.
Esta noche nadie pierde, nadie gana. Sólo queda el orgasmo que se irá, que no se repetirá.

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