Hamelin
La tormenta arrancó sin previo aviso, erizándole el vello de la nuca. Asqueado por la normalidad de la tarde, le sorprendió el espectáculo eléctrico, embriagador desde la oscuridad de su zulo. Embobado, con sus ojos rojos fijos en el ennegrecido cielo tras el agujero que hacía las funciones de ventana, a la espera de que amainase. Quería salir y empaparse del olor a humedad y podredumbre, sentir el frío cortante del aire acuchillándole la cara. Permaneció agazapado, sintiendo el golpeteo de la lluvia en el techo de uralita.
La noche se hizo eterna. Clap, clap, clap...
Cansado, salió a la calle sin importarle ya los relámpagos o la lluvia misma. Tras él, las demás ratas le siguieron.
La noche se hizo eterna. Clap, clap, clap...
Cansado, salió a la calle sin importarle ya los relámpagos o la lluvia misma. Tras él, las demás ratas le siguieron.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home